NAP Latino

Publicado el 17 de agosto de 2026 · Revisado el 17 de agosto de 2026

Lenovo tuvo su mejor trimestre de la historia gracias a servidores de IA — mientras la escasez de memoria que ya advertimos aquí empieza a doler a otros fabricantes

Lenovo reportó el 14 de agosto sus mejores ingresos y ganancias de la historia —$26.900 millones y $1.100 millones respectivamente—, con su división de servidores para centros de datos creciendo 98% interanual. Detrás del festejo hay una señal de advertencia que ya cubrimos aquí hace casi dos semanas: la escasez de memoria RAM causada por la demanda de IA ya está encareciendo componentes para toda la industria, y solo los fabricantes con suficiente escala están logrando absorber el golpe sin que se les note en el margen.

Lenovo reportó el 14 de agosto los resultados de su primer trimestre del año fiscal 2026/27 (el segundo trimestre calendario de 2026), y las cifras son, en sus propias palabras, las mejores de toda su historia: ingresos totales de $26.900 millones y una ganancia neta ajustada de $1.100 millones, un salto de 176% frente al mismo periodo del año anterior. El motor detrás de ese salto no es sutil: la inteligencia artificial ya representa 35% de los ingresos totales de la compañía, con un crecimiento de 60% interanual solo en ese segmento. La división específica de Soluciones de Infraestructura —la que le vende servidores a centros de datos— generó $777 millones en beneficios, con ingresos creciendo 98% en un año.

Hasta aquí, es otra historia más de una empresa de hardware cabalgando la ola de inversión en infraestructura de IA que venimos siguiendo en esta sección desde julio. Lo que hace este reporte distinto, y la razón por la que vale la pena detenerse en él, es un detalle que aparece casi de pasada en el análisis: el aumento en el costo de los componentes de memoria —RAM y almacenamiento SSD— "está poniendo las cosas muy difíciles a otras compañías", mientras Lenovo logró mantener márgenes superiores al 7% en su negocio de computadoras personales específicamente gracias a su escala y a sus relaciones de largo plazo con proveedores. En otras palabras: la escasez de memoria ya está aquí, ya está subiendo precios, y solo los fabricantes con suficiente poder de negociación logran absorberla sin que el golpe llegue completo hasta el cliente final.

Esto conecta directamente con algo que ya cubrimos en esta sección hace casi dos semanas: el anuncio de Montage Technology del primer chip CXL 3.2 del sector, diseñado específicamente para expandir la memoria disponible en servidores sin depender de comprar hardware completamente nuevo. En ese momento, la nota era sobre todo técnica —explicamos por qué la memoria se estaba convirtiendo en el tercer cuello de botella de la IA, después del chip y la electricidad—. El reporte de Lenovo es la primera confirmación clara, en cifras reales de una empresa real, de que ese cuello de botella ya dejó de ser una preocupación técnica de fondo y empezó a mostrarse directamente en los estados financieros de toda la industria: los envíos globales de PC cayeron 2% interanual en el mismo trimestre, una caída que los analistas atribuyen específicamente a la presión de costos de memoria, no a una caída de demanda.

La lección práctica para cualquiera que administre infraestructura, más allá de la anécdota de Lenovo, es simple: si tenías planeado comprar servidores, ampliar RAM o renovar hardware en los próximos meses, la presión de precios sobre memoria que empezó con la demanda de centros de datos de IA ya está llegando al mercado general de componentes, no solo al segmento empresarial de gama alta. No es una señal para entrar en pánico comprador, pero sí una razón concreta para no asumir que esperar seis meses más te va a dar mejores precios por default —en un mercado donde la demanda de un sector (los centros de datos de IA) está compitiendo directamente por el mismo suministro de memoria que necesita cualquier servidor o PC normal, la tendencia reciente ha sido la contraria.

Para las empresas de hardware con la escala de Lenovo, esta escasez terminó siendo, paradójicamente, una oportunidad: mientras competidores más pequeños absorben el golpe completo en sus márgenes, los grandes fabricantes con contratos de suministro de largo plazo salen fortalecidos. Es el mismo patrón de concentración que ya vimos en otras capas de esta industria este año —quien ya tenía escala y relaciones establecidas, sale ganando cuando un recurso se vuelve escaso; quien no, absorbe el costo o lo traslada, y en ese segundo caso, termina siendo el cliente final quien paga la diferencia.