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Publicado el 30 de agosto de 2026 · Revisado el 30 de agosto de 2026

Nvidia frenó su programa de $36.000 millones para financiar nubes de IA pequeñas, apenas dos meses después de lanzarlo, por miedo a un problema antimonopolio

Nvidia lanzó en julio un programa para financiar a proveedores de nube de IA más pequeños a cambio de una parte de sus ingresos. Menos de dos meses después, lo pausó: temía que el control que ejercía sobre a quién podían alquilarle capacidad sus socios levantara sospechas de prácticas antimonopolio.

Nvidia puso en pausa uno de sus programas más comentados del año: el "AI Compute Partnership", pensado para ayudar a proveedores de nube de inteligencia artificial más pequeños a financiar la compra de GPU y la construcción de sus centros de datos. Lo lanzó apenas el 1 de julio de 2026. Menos de dos meses después, según reportó primero el Wall Street Journal y confirmaron Reuters y otros medios, la propia Nvidia decidió frenarlo por temor a que levantara sospechas de prácticas antimonopolio.

El problema que el programa buscaba resolver es real y afecta sobre todo a los proveedores de nube que no son Amazon, Google o Microsoft: para ofrecer servidores con GPU de IA hace falta gastar miles de millones por adelantado en chips e infraestructura, pero los bancos solo prestan ese dinero contra contratos de clientes ya firmados — y esos clientes muchas veces no llegan hasta que el proveedor ya tiene la capacidad instalada. Es un problema de huevo y gallina que ha dejado a muchos proveedores medianos fuera de la carrera de la IA, aunque tengan la demanda para justificarla.

La solución de Nvidia era, en el fondo, actuar como banco y como cliente de respaldo a la vez: se quedaba con el 50% de los ingresos que superaran una tarifa base por hora (la que cubría los costos del proveedor), y si el proveedor no lograba llenar su capacidad con clientes propios, Nvidia se comprometía a alquilarla ella misma. Eso, en teoría, le daba a los bancos la garantía que necesitaban para prestarle al proveedor desde el principio. Los primeros socios en sumarse fueron Sharon AI y Firmus Technologies.

Los números detrás del programa eran grandes incluso para el estándar de la industria de IA: $36.000 millones en compromisos a contratos típicamente de seis años, más $20.000 millones adicionales en arrendamientos de centros de datos de terceros, con una exposición total en garantías que podía llegar a $108.500 millones — de los cuales $105.000 millones correspondían a un solo acuerdo ligado a OpenAI. La propia directora financiera de Nvidia, Colette Kress, había dicho que el programa tenía potencial de generarle miles de millones en ingresos a mediano y largo plazo.

Lo que terminó preocupando a Nvidia no fue el dinero, sino el control: para que el esquema funcionara, la compañía exigía tener voz sobre a qué clientes podían alquilarle capacidad sus propios socios, y prefería que esa capacidad quedara repartida entre varias empresas pequeñas en vez de concentrada en un solo comprador grande. Ese nivel de injerencia sobre las decisiones comerciales de terceros —viniendo de la empresa que ya domina el mercado de chips de IA— era justo el tipo de comportamiento que atrae la atención de reguladores antimonopolio, y Nvidia decidió no esperar a que llegara esa atención.

Nvidia no cerró la puerta del todo: dejó abierta la posibilidad de reestructurar el programa o absorberlo dentro de otra iniciativa más adelante. Pero por ahora, el mensaje para los proveedores de nube medianos y pequeños es que el respaldo financiero de Nvidia no está garantizado ni es permanente. Para cualquier negocio que hoy compite ofreciendo capacidad de cómputo sin depender de ese tipo de acuerdos —como ocurre con un VDS o un servidor dedicado propio— la noticia es un recordatorio de que construir sobre infraestructura que uno mismo controla sigue siendo la apuesta más estable a largo plazo.