NAP Latino

Publicado el 10 de agosto de 2026 · Revisado el 10 de agosto de 2026

El ecosistema tech de Colombia rompió récords esta semana — pero pocas de esas startups saben en qué país vive realmente su base de datos

Colombia Tech Week arrancó esta semana con cifras que celebrar: más de 2.100 startups activas, el tercer ecosistema de captación de capital de la región. También con un dato incómodo, mencionado casi al pasar: 80% de la inversión que reciben esas startups viene de afuera del país. Ese mismo reflejo —resolver con infraestructura extranjera lo que podrías resolver localmente— se repite, sin que casi nadie lo cuestione, a la hora de elegir dónde hospedar los datos del negocio.

Esta semana arrancó Colombia Tech Week con números que cualquier ecosistema tech de la región envidiaría: más de 2.100 startups activas, un sector de tecnologías de la información que ya pesa entre 3,5% y 4% del PIB nacional, y el tercer puesto en captación de capital de toda Latinoamérica. Hay un dato en medio de esas cifras que casi nadie se detiene a mirar con cuidado: 80% de la inversión que reciben esas startups viene de fuera del país. Es un dato de financiamiento, no de infraestructura —pero el mismo reflejo que explica por qué el capital viene de afuera es, casi siempre, el mismo reflejo con el que un founder elige dónde va a vivir la base de datos de su empresa.

Cuando alguien monta una startup hoy, la decisión de dónde hospedar su infraestructura casi nunca es una decisión — es un default. Se crea la cuenta en el proveedor de nube más conocido, se elige la región que aparece primero o la que usó el tutorial que siguieron, y en la inmensa mayoría de los casos esa región termina siendo un centro de datos en Virginia, Oregón o alguna otra parte de Estados Unidos. Nadie lo decide activamente pensando en las implicaciones — simplemente pasa, de la misma forma casi automática en que el 80% del capital de esas mismas startups termina viniendo de fondos extranjeros. No es una crítica moral ni un llamado a la autarquía digital. Es señalar que una decisión que se toma por default rara vez es la decisión correcta para el caso específico de cada negocio, y en infraestructura hay al menos tres cosas concretas que vale la pena revisar antes de dejar que el default decida por ti.

La primera es la más obvia y la que menos se piensa: la latencia. Si la mayoría de tus usuarios están en Colombia, Perú o México, cada solicitud que tiene que viajar hasta un centro de datos en el norte de Virginia y volver añade tiempo real a la experiencia de tu producto —milisegundos que, multiplicados por cada interacción de cada usuario, sí se notan, sobre todo en aplicaciones donde la velocidad de respuesta importa (pagos, e-commerce, cualquier cosa en tiempo real). Hospedar cerca de donde está tu usuario real no es un lujo, es una decisión de producto. La segunda es el tipo de cambio: facturarte en dólares expone directamente tu costo de infraestructura —uno de los gastos más constantes y predecibles de cualquier negocio digital— a la volatilidad de una moneda que no es la tuya, algo que un proveedor local que cobra en pesos simplemente elimina de la ecuación.

La tercera es la que más se ignora, y la que más debería preocupar a cualquier empresa que maneje datos de clientes colombianos: la Ley 1581 de 2012, la ley estatutaria de protección de datos personales de Colombia, impone requisitos específicos sobre transferencias internacionales de datos —no es imposible mandar datos personales a un servidor fuera del país, pero sí exige que la empresa pueda demostrar que cumplió ciertas condiciones para hacerlo, y la Superintendencia de Industria y Comercio ya lo tiene entre sus focos activos de fiscalización. Una startup que nunca se detuvo a preguntarse dónde vive físicamente la base de datos de sus usuarios probablemente tampoco se detuvo a documentar si esa transferencia cumple con lo que la ley exige — no porque sea negligente, sino porque la pregunta nunca llegó a hacerse.

Nada de esto significa que la nube de un hiperescalador extranjero sea la elección equivocada — para muchos casos de uso, sigue siendo la correcta. Significa que "elegida" y "correcta" no son sinónimos automáticos cuando la elección nunca se hizo de forma consciente. El mismo ecosistema que esta semana celebró con razón su crecimiento tiene, en la infraestructura que sostiene ese crecimiento, la misma pregunta pendiente que tiene en su financiamiento: cuánto de lo que construimos localmente sigue dependiendo, por costumbre más que por decisión, de algo que vive en otro país.